SHEREZADE HERRERO PRIETOEn un tren y varios vagones marcharon aquella mañana todas las ilusiones. Madrid acogía la mayor tragedia europea y toda España la lloraba. La próxima estación no llegó y en cada piedra de balasto,el nombre de un víctima,con sangre,se escribió. La actualidad se paró, ese día descarriló.
Cada puesto de trabajo, cada aula vacía, la rutina del día a día, no funcionó.
Atocha se cubrió de humo negro y entre tanto polvo, lo que minutos antes, era vida..segundos después desapareció. 192 personas fallecidas y 1400 heridos fueron el balance, de aquel acto terrorista, de aquella reivindicación absurda.
En el andén, un mundo se quedó esperando,a los que no pudieron salir andando, a los que no regresaron, ni gritaron. Las explosiones se sucedían una y otra vez,así hasta 10. Y el ruido hizo que todos allí dentro, se cogieran de la mano. De nada sirvió, ni les dio tiempo a presentarse, ni a conocerse, mucho menos a despedirse. El miedo y la incertidumbre,viajaron por instantes, el recuerdo de los supervivientes, lo deja claro.
El libro de física de algún estudiante y las facturas de un empresario, serán para siempre, restos de aquel viaje sin destino ni desenlace.
Hoy los políticos se suman a la causa y los familiares,a la montaña de flores que deben trepar, para buscar el nombre de un inocente,que murió cuando solo iba a trabajar.
¡Menuda fecha! terremotos y atentados..Parece que el número 11 debería borrarse del calendario.
Un sentido recuerdo, por cada minuto de confusión que se cobró una víctima, aquí, en madrid o en Japón,ninguno lo mereció.
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